Hacemos un aceite verde super aromático
Si te mola comer bien y variar tus platos fácilmente (y a quién no), seguro que más de una vez le has echado un ojo a los aceites aromáticos. Que si con romero, con pimienta, con guindillas, con ajo, con trufa… Pues hoy vamos a hacer un aceite más aromático aún, con colorcito, casero y seguro.
[toc]
¿Cómo es eso?
Cuando hacemos aceites aromatizados una de las cosas más fáciles es poner el aceite en una botellita y meter unas ramas de romero, un diente de ajo, etc, ¿verdad?
Lo bueno es que es fácil. Lo malo es que tarda tiempo en coger saborcito (unas 3 semanas) y que corremos riesgo de que se desarrolle Clostridium botulinum por aquello de la conservación (es difícil, pero ahí está el riesgo).
Algunas hierbas, las más verdecitas y tiernas, necesitan un blanqueado previo para poder extraerles bien el sabor en el aceite.
Como sabemos que te gustan las cosas en el momento y que si algo hay que dejarlo más de dos días se te acaba “perdiendo” por la cocina, hemos hecho (y grabado) un aceite verde aromático, para usar en crudo en todo lo que te apetezca, que se hace en un rato y se puede utilizar recién hecho.
¿Qué necesito?
Pocas cosas:
Un aceite virgen. Por ejemplo AOVE (son las siglas de Aceite de Oliva Virgen Extra), aceite de girasol, aceite de cacahuete, aceite de nueces… lo mejor es usar aceites que no tengan sabores fuertes porque si no no se notan los sabores de las hierbas y especias que le metamos.
Cosas verdes frescas y aromáticas, como por ejemplo hojas de apio y perejil, que es lo que hemos usado nosotros, pero también vale cebolla de primavera, ajetes, rúcula (¡picante!), albahaca, cilantro, orégano, salvia, cebollino, menta, hierbabuena, eneldo… O una mezcla de varias.
Lo importante es que sean frescas y de color verde para que nuestro aceite no solo esté muy bueno si no que alegre cualquier plato que nos haya quedado un poco tristón.
Cacerola, batidora, cuchillo, colador, una telita fina para escurrir… fijo que tienes todo esto.
¿Cómo lo hago?
Pues vamos allá. Hemos hecho un vídeo con los pasos para que lo veas más claro, pero no tiene ningún misterio: confitamos las hierbas con el aceite, lo batimos y lo colamos.
Haremos una cantidad pequeña para que lo pruebes.
¿Tienes ya tus hierbas o cosas verdes? Lávalas bien y sécalas muy muy bien. Si hace falta las puedes dejar secando toda la noche. Esto es importante para que no se nos deteriore el aceite.
Pon tus hierbas secas en la tabla de cortar y pícalas groseramente. Eso quiere decir que a trozos sin mirar mucho los tamaños, no diciendo groserías. Hemos usado las hojas bonitas de un apio y un buen manojo de perejil fresco.

¿Y las cantidades?
Pues dan un poco igual. “Un puñao grandote” te dará para una media taza de aceite, más o menos. Piensa que esto va por volumen, y que lo único que necesitamos es que todas las hierbas y cosas verdes, una vez calentadas, ocupen lo mismo que el aceite. A más cantidad, más verdecito y sabroso. Pero si te pasas harás una especie de pesto chungo.
Ahora calienta aceite en una cacerola. A ojo, como decíamos antes. Más o menos hemos puesto 200 ml y ya ves que tenemos una buena cantidad de hierbas.
Si tienes un termómetro de cocina, guay. Sácalo.
Pon el aceite a fuego medio y cuando llegue a 90ºC echa todas las hierbas. No queremos freírlo, queremos que se ablanden en el aceite a una temperatura baja (como confitar).

Ponlo a fuego lento, remuévelo bien y que vuelva a los 90ºC. Preferiblemente que no pase de ahí.
Que se haga todo junto unos minutos hasta que todo lo verde esté blandurrio.
Con esto eliminamos todo el agua que podemos de las hierbas a la vez que infusionamos el aceite con sus aromas.
Ahora lo sacas al vaso de la batidora con cuidado, que está caliente, y lo bates todo junto 3-4 minutos, para que no queden trocitos.


Prepara un bol con un colador y una tela fina o una bolsa de hacer leches vegetales. Lo que tengas. También vale una muselina o un trapo (bien limpio) muy finito. Si es un trapo grueso no va a caer nada de aceite.

Escúrrelo muy bien y espachurra la tela para ordeñar todo el aceite posible.
No tires la pulpita verde, guárdala en la nevera. Te sirve para salsas, vinagretas y aliños, pero también para saltear, para sofritos o cualquier cosa que quieras aromatizar. Está concentrado.

Cuando hayas escurrido todo lo posible, mételo en el bote o aceitera en el que lo quieras guardar (usa un embudo). Mételo en la nevera para que se termine de enfriar. Y ya está, ¡ya lo tienes!
Corre, pruébalo en una ensalada, en una crema de color clarito (un ajoblanco, una vichyssoise, una crema de calabacín, cosas así), unas tostas con labneh, una salsa con yogur, un pan con tomate, yo qué sé, si es que te vale pa tó.
Y cuando acabes de usarlo, mejor a la nevera. Te durará un par de meses, pero lo suyo es que lo uses antes, así que no hagas grandes cantidades salvo que pienses usarlas en la semana o dos semanas siguientes.
Y recuerda que puedes hacerlo con los ingredientes que quieras, ¿eh? Que para eso es una #SinReceta 😉
