Lembas
Que no “pan de lembas”, que sería un pleonasmo. Como hoy 25 de mayo es el Día del Orgullo Geek (o Día del Orgullo Friki), nos hemos puesto a pensar qué cosa friki nos molaría hacer, y claro, hay tantas que no daríamos abasto. Pero de entre todas ellas hay una a la que le teníamos ganas: lembas. Ese pan élfico, sí.
El problema es que no hay una receta de lembas. Las únicas personas que la conocen son las Yavannildi, y no tienen Instagram para mandarles un DM. Así que nada, tirando de referencias y de “lo que yo creo que comen los elfos” hemos hecho esta versión.
Y no ha sido un camino de rosas, ¿eh? Esto ha sido como irse a Mordor: un camino largo y lleno de problemas. No tan graves como los de Frodo y eso, pero vaya, que todo problemas.
Lo primero, los ingredientes. Si hay algo que tenemos claro es que es a base de trigo. Pero no de un trigo cualquiera, si no de una variedad, creación de Yavanna, que solo crecía en Aman (a donde se van Bilbo, Frodo y Sam al final), y que los Valar dieron a los Eldar. Si consultáis fuentes en inglés veréis que al cereal en general lo llaman “corn“, pero no es maíz, “corn” se refiere a varios tipos de cereales, entre ellos el trigo y el centeno. Bueno, total, que entre eso y que lo tienen que recoger las Yavannildi a mano espiga por espiga y que no nos dan la receta, pues empezamos bien.
Sabemos algo de lembas por “On Lembas“, capítulo XV de “Los pueblos de la Tierra Media” de Christopher Tolkien (hijo de J. R. R. Tolkien), donde dice pues eso, que es un pan que se lleva a viajes largos y se puede dar a enfermos/as. Puedes leer el fragmento aquí.
Lo segundo, las propiedades del pan. Un trocito alimenta a una persona adulta durante un día (y 4 a un hobbit durante un rato). ¿Hay algún alimento que haga esto? No. También sirve para curar. Tampoco. Aguanta meses fresquísimo. Ni el pan de molde. ¿Y que combine todas las características? Nada en absoluto. OK.
Lo tercero, el aspecto y forma. Doradito por fuera, color crema por dentro. Vale, eso guay. Según Gimli, dulce (a saber qué es dulce para un enano) y parecido a un wafer (barquillo). Fino, crujiente, no duro. Y envuelto en hojas de Mallorn. Claro, claro.
Es decir, no hay nada que reúna todas esas características por mucho que lo intentes, así que mejor dejemos de flipar y hagamos algo que esté bueno. Eso sí, como es un alimento ofensivo para criaturas malvadas, pues tiene que ser vegano.
Hay muchas versiones por ahí y todas me parecen válidas, ya que no hay un estándar ni nada más específico que nos guíe en la preparación. Tanto las dulces como las saladas nos valdrían. Así que allá vamos con esta versión que hemos hecho salada para llevar y comer por ahí, sea de viaje o en un parque. Ojo, porque está super bueno y llena mucho 😛
Recetaca (no hay traducción en Quenya ni en Sindarin)
Ingredientes:
- 2 tazas de harina de trigo blanca normal y corriente
- 1/2 taza de harina de garbanzos (también vale de lentejas o de guisante)
- 1/2 taza de almendras molidas (a veces también se llama harina de almendras)
- 1/4 de cucharadita de sal
- 1 cucharadita y 1/2 de levadura de panadería seca (12 gramos si es fresca)
- 3/4 de taza de agua templadita
- 1 cucharada de aceite de oliva
Para después:
- unas 4 cucharadas de aceite de oliva
- 2 cucharadas de semillas de sésamo blancas o tostadas
- 3 cucharadas de levadura de cerveza desamargada
- hojas de bambú, plátano, taro, parra o lo que sea, también vale papel de hornear (es para envolver los panes)
Esto va a ser muy fácil, así que relájate 😉
Primero coge un bol grande y mezcla las harinas con la sal y la levadura con una cuchara mismamente.
Añade el agua y mezcla muy bien. Al principio parecerá un poco sequillo. Amásalo a mano hasta que se forme una masa suave (3-4 minutos, no hace falta mucho más). Hazlo una bola, ponlo en el bol, échale el aceite por encima, tápalo con un trapito y déjalo en un lugar cálido un par de horas más o menos. No lo pongas al sol. Crecerá pero tampoco se hará gigante. Si quieres lo puedes dejar toda la noche, que no pasa nada.
Destapa tu masa y pon un poquito de aceite en la superficie en la que la vayas a amasar. Saca la masa y estírala bien con un rodillo. Para que no se pegue, el aceite. Si hace falta, pues pon un poquito más, pero no añadas harina.

Pon un poquito de aceite por toda la superficie y espolvorea por encima con las semillas de sésamo y la levadura de cerveza.

Ahora lo doblamos para atrapar el relleno. No tienes que hacerlo de ninguna manera específica, vale de izquierda a derecha, de arriba a abajo, etc. Una vez doblado, ponle un poquito de aceite por toda la superficie.

Cierra bien los bordes, no se nos salga todo esto. Una vez dobladito, estíralo con el rodillo formando un cuadrado grande, y córtalo en cuatro partes. Cada una de estas partes será un pan.

Coge cada cuadrado, cierra bien los bordes, ponle un poquito de aceite, estíralo con el rodillo y dóblalo de nuevo para formar otro cuadrado. Verás que con tanto doblar y estirar se han mezclado los ingredientes que hemos añadido. Bien, así tiene que ser. A la vez, estamos creando una masa ligeramente hojaldrada. Ya verás el resultado.

Bueno, eso, estira el cuadrado, que quede fino (para ser un pan es finito) y ya tienes uno hecho. Haz lo mismo con el resto.
Cuando los tengas todos, márcalos con la parte del cuchillo que no corta. La contraria a la hoja, no el mango.

Pásalos a una bandeja para horno con papel para hornear y deja que crezcan un poquito durante media hora o así en un lugar cálido. No suben apenas, no te preocupes.
Precalienta el horno a 200ºC con calor arriba y abajo y cuando esté caliente mete la bandeja.
Hornéalo 25 minutos, hasta que estén doraditos por fuera (ojo, ligeramente dorados, no marrones).
Sácalos y deja que se templen. No los envuelvas calientes, que se te ponen chiclosos.
Mientras tanto prepara las hojas en las que vayas a envolver los panes. Yo he usado hojas de bambú, que las venden frescas envasadas al vacío (en supermercados asiáticos). Cuando las abres están brillantes y húmedas. Para cada pan he usado 4 hojas, pero dependiendo de los tamaños necesitarás más o menos. Hazlo como te apañes y ciérralo con cuerda.

Las hojas de bambú se suelen usar para cocinar cosas y para envolver alimentos, así que son una buena opción. Huelen como a té y a hojas de parra.
Pues ya está, ya tenemos nuestros panes listos para llevar 🙂

El pan queda crujientito por las capas que hemos hecho, de sabor “sabroso” (sabe a todo lo que le hemos puesto), es bastante energético, llena bastante, y te dura 3 días si está bien envuelto (y metido en una bolsa hermética por ejemplo). Eso sí, no se mantiene perfecto, pero sí comestible. También se puede congelar, pero para cuatro panes no te merece la pena. Puedes doblar los ingredientes y hacer más cantidad si te mola 😉
Y bueno, esta es nuestra propuesta, que seguro que es Galadriel Approved. De hecho cuando esté en el horno dirás eso de:
El mundo está cambiando… lo siento en el agua… lo siento en la tierra… lo huelo en el aire
Bárbol en el libro, galadriel en la intro
Y oye, que si le quieres poner otros ingredientes, pues adelante. No te vamos a decir todo lo que puedes añadir o cambiar, haz lo que te dicte tu corazón 😉

Oh my caaaat!!!