Litines, gaseosas, sodas y gasificantes
¿Aguas de litines? ¿soda en polvo? ¿gaseosillas? A pesar de los nombres (y diseños de las cajas) viejunos, estos productos nos siguen acompañando a día de hoy. ¿Qué son? ¿De dónde salen? ¿Para qué sirven? Acompáñanos en este maravilloso viaje por la historia viejuna de las cosas en polvitos.
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Las cajas que no encajan
De esto que vas por el supermercado y de repente…

Esa caja de aspecto viejo que parece llevar 20 años caducada y te hace pensar ¿”por qué está esto aquí”? Mientras el resto de marcas del mundo se quiebran la cabeza por hacer los diseños más chulos y modernos para sus productos, hay todo un submundo de productos que igual ni te suenan y que gastan cero en diseño: las sodas en polvo.
“Qué guay, ahora venden té con limón en polvo para echar en 1 litro de agua”. Pues hace 150 años ya vendían gaseosa en polvo para hacerte tu refresquito. De novedad, nada. Solo cambian los sabores. Igual tú también eres de esta generación que solo ha conocido la gaseosa en botellas, y por eso te extraña ver estas cajas y más aún pensar en que alguien las usa. Pero fueron super comunes en muchas casas hasta finales de los años 70, y hoy en día mucha gente las sigue comprando.
Pero esto de dónde sale
Pues verás, había un tiempo, hace mucho, digamos mediados del siglo XVIII, en el que, con la rapidísima industrialización y crecimiento de las ciudades (y de la población), uno de los problemas a los que se enfrentaba el vulgo era intoxicarse por cualquier cosa, pero sobre todo por el agua. Recuerda que en esa época no se vivía como ahora, la gente no tenía grifos por la casa y no había una red de filtrado y purificación de agua que sirviese agua potable con garantías, ni una higiene de las canalizaciones y aguas negras… así que podías palmarla de tifus o cólera solo por beber agua.
Junto a estos peligros había muchos otros (como la contaminación de las fábricas), pero también avanzaba la medicina y la farmacia… y los vendehúmos, por supuesto. La segunda mitad del siglo XIX y primera del XX fueron una época dorada para vendedores de ungüentos mágicos que lo curan todo, jarabes, pastillas, polvitos… ¡el mismo producto te curaba las almorranas, te hacía crecer el pelo y te curaba la diabetes y la sífilis! No entiendo por qué no éramos inmortales con semejantes panaceas.
Algunos ejemplos de publicidad de la época. Fuente: hemeroteca de la BNE.
Bueno, el caso es que a mediados del siglo XVIII había un gran auge de las aguas minerales, así en general, y un gran interés por sus propiedades medicinales, que se suponían por la cantidad de cosas que contenían, como hierro y litio. El gran boom de las “aguas curativas” se dio principalmente en Francia, pero también llegó a España, por supuesto, que miraba a París y Londres como iconos de la modernidad.
Las fuentes con aguas minerales se registraban y se comercializaba su agua y/o se convertían en balnearios que prestaban servicios relacionados con la salud.
El estudio de estas aguas y la necesidad de una comercialización más lucrativa impulsó que algunos médicos y farmacéuticos (hombres en su gran mayoría) se especializasen en producir aguas enriquecidas artificialmente en elementos minerales para dotarlas de virtudes medicinales.
Por ejemplo, en 1889 se registró el “Hierro concentrado Baud para la preparación instantánea de agua de hierro”.
En 1890 la farmacéutica parisina Auguste Daniel Bouchage registro el “agua mineral temperante, Vichy-capsule”, que era bicarbonato sódico para disolver en un litro dee agua y obtener “agua de mesa digestiva carbonatada, higiénica para todos”.
Y entre todos los nombres de aguas medicinales empieza a aparecer bastantes veces “Lithinés”
¿Lithinés?
“Lithinés” era el nombre común del óxido de litio, que fue descubierto en 1817 por el químico sueco Augustus Arfwedson. Esta forma de “litina” se utilizó poco, pero posteriormente se usaron en medicina el benzoato de litina, borato de litina, bromuro de litina, citrato de litina, hidrato de litina, yoduro de litina, salicilato de litio y carbonato de litio, esta última sal, la preferida de la profesión médica y farmacéutica, ya que se creía que el carbonato de litio promovía la eliminación del “ácido lítico” (antiguo nombre del ácido úrico), formando urato de litina, un complejo más soluble, y empezaron a recomendar las litinas en el tratamiento y prevención de la gota. En concreto fue el médico británico Alfred Baring Garrod el que dijo que esto era un pepinazo para la gota y más.

Como el carbonato de litio no es muy soluble en agua, se asociaba con carbonato o nitrato de potasa en agua carbonatada, con el nombre de “litina”. Así que en los sobres venía el carbonato de litio con bicarbonato sódico y ácido cítrico, y se creaban unos polvos efervescentes que eran, en efecto, una gaseosa pero con litio además.
Ojo, que hay aguas minerales que, como dicen en el texto de El Mundo Científico, ya vienen con litio, como las de Vals, Contrexeville, Martigny, Vittel o Santenay, que era la más rica en litina con 0,111 gramos por litro. En Estados Unidos tenían la “Lithia”, del manantial de Lithia Springs, en Georgia, que contenía 500 microgramos por litro. En España, el manantial de Caldas de Malavella (Girona) también era conocido por su agua mineral carbonatada y litiada y en 1890 fue registrado como “El Vichy Catalán“, dando lugar a la empresa del mismo nombre que conocemos todos/as.
También se producían tabletas con el nombre del manantial para preparar instantáneamente y por un precio mínimo 1 litro de agua mineralizada para combatir el ácido úrico.
Los lithinés del Dr. Gustin
Cuesta mucho escribir el apellido sin poner tilde en la i, así que si se nos escapa alguna vez, mil perdones.
Probablemente los médicos y farmacéuticos franceses siguieron el consejo de su colega inglés y desarrollaron sus propias “litinas” a mediados del siglo XIX. En España aparecían aguas carbonatadas y litinadas también en polvo, así como sifones para carbonatar el agua.
Publicidad de sodas, sifones y aguas minerales en polvo en periódicos y revistas en España. Fuente: Hemeroteca de la BNE.
Recordemos que, con el problema de potabilización de aguas que había, no todo el mundo tenía acceso a fuentes seguras, por lo que se recomendaba hervir el agua y, de paso, ponerle gaseosas en polvo (o gasificarlas con sifón) para convertirlas en “medicinales”.
A principios del siglo XX aparecen los “Lithinés del Dr. Gustin“, fabricados por los Laboratoires du Dr. Gustin, en cajitas de metal con 12 sobres de papel, que contenían la siguiente mezcla:
| carbonato de litio oficinal | 1,2 g |
| ácido tartárico oficinal | 40 g |
| hidrógeno de sodio carbonatado | 66 g |
| sulfato de sodio oficinal | 0,6 g |
| fosfato de disodio | 0,6 g |
| cloruro de sodio oficinal | 0,3 g |
Venía con un folleto que indicaba que para obtener “el agua mineral proporcionada por los Litines del Dr. Gustin era suficiente disolver una bolsita en un litro de agua potable o hervida y preparar en casa con éxito una cura contra la gota, el reumatismo, las enfermedades del hígado, la diabetes, la vejiga, la piel, riñones, estómago e intestino”. Y resaltaba que era “un agua verdaderamente activa, ligeramente carbonatada y siempre agradable de beber”, que por primera vez contenía las “ventajas de los principios activos de las aguas minerales naturales, cuya reputación es la más antigua”.
Por si fuera poco, una de las ventajas que se recalcaban muchas veces en la publicidad era que “Los litines del dr. Gustin no alteran el vino, por el contrario, es muy espumoso, muy agradable de beber, claro y límpido”, una declaración que invitaba a continuar con el consumo de vino de mesa, que por entonces era muy habitual.
Hoy en día toda esta publicidad sería ilegal, claro. Aunque hace poco lo intentó de nuevo Vichy Catalán, con desastrosos resultados.
¿Pero quién era el Gustin ese?
Pues era un farmacéutico parisino que después se convirtió en doctor en medicina y que estaba interesado en la aplicación de álcalis en el tratamiento de enfermedades como gota, reumatismo, diabetes, etc.
En 1865 adquirió una farmacia junto a su consultorio, en los números 25 y 27 de la Rue Drouot, a la que llamó “Pharmacie Commerciale”. Allí continuó sus prácticas y desarrolló especialidades a las que puso su nombre, como era costumbre en la época: “Lithines de Gustin”, “Extracto de timol de L. Gustin”, “Antigastrálgico del Doctor Gustin”, etc… pero no registró ninguna, cosa que después aprovecharían Paul Arsène Petithuguenin, que registró la marca “Pharmacie Commerciale” en 1882, y las marcas de sus desarrollos en 1884.
En 1889 el farmacéutico Louis Joseph Alfred Guillemin asumió la jefatura de la farmacia y en 1905 la cedió al farmacéutico y político Arthur Mille, gracias al cual nos ha llegado el nombre del Dr. Gustin.
¿Y quién es Arthur Mille?
Era un farmacéutico y parlamentario socialista que también desarrolló alguna cosilla como el “Tópico Mille contra la congelación”. Después fundó una farmacia comercial, registró nombres de especialidades que fabricaba y comercializaba y en 1905 se hizo cargo de la farmacia que en un principio era del Dr. Gustin.
En 1910 fundó junto conn George Caillaud “Les Laboratoires du Dr. Gustin” en París y registró las especialidades “Lithinés” y “Lithinés du Dr. Gustin” además de otras nuevas como “Septilasa del Dr. Gustin” (para las dolencias de pecho), “Magnesia del Dr. Gustin” (laxante y antiácido), “Esencia de zarzaparrilla roja del Dr. Gustin” (para enfermedades de la piel), etc.
De todos estos productos solo los litines siguieron siendo famosos años y años después. También es verdad que se dejaron una pasta en publicidad en periódicos y revistas de la época, y después en anuncios en cines.

Las formulaciones vendidas en otros países, como en España, hacían referencia a las fórmulas del Dr. Mille, que era el propietario y quien autorizaba su creación y venta en otros países.
Tras la Segunda Guerra Mundial los Laboratorios Dr. Gustin siguieron su carrera bajo el mando del farmacéutico Jean Aubier, y hoy en día los produce la empresa Bio-Santé (Quebec, Canadá).
Anuncios de litines del Dr. Gustin y litines Serra en periódicos y revistas españolas. Fuente: Hemeroteca Digital de la BNE.
¿Y en qué quedó todo esto?
Pues en que las condiciones higiénicas y sanitarias mejoraron, la medicina avanzó y algunos laboratorios, entre ellos los que producían los litines del Dr. Gustin se ganaron alguna que otra demanda por publicidad engañosa.
En Estados Unidos se retiró del mercado el 7-Up (sí, la bebida que se sigue vendiendo hoy) porque contenía buenas cantidades de litio y se habían descubierto tanto sus propiedades mediciales como efectos adversos (que incluían la muerte).
Hoy sabemos que los polvos mineralizantes y las gaseosas no potabilizan el agua ni curan ninguna enfermedad.
El agua con bicarbonato puede servir cuando te pegas un atracón bestial, igual que las “sales de frutas”, que son una mezcla en polvo de ácido málico, cítrico u otros con bicarbonato.
El bicarbonato actúa como antiácido, reaccionando con los jugos gástricos y neutralizándolos (al menos en parte), por eso es tan popular para acidez y ardor. Esta reacción es la misma que la del bicarbonato con el vinagre: genera un porrón de gas y puedes empezar un concurso de eructos con la seguridad de que vas a ganar.
Así que, aunque se pasó el hype de los litines, estas marcas (y otras) siguieron vendiendo sobrecitos, ya solo de gaseosa, para preparar en casa, porque la cosa había calado fuerte en nuestra sociedad. Y así llegamos hasta nuestros días, en ese momento en el que te encuentras con la caja viejuna en el supermercado y te preguntas qué narices es.
Entonces… ¿para qué sirven?
Pues para varias cosas, principalmente para hacer gaseosa casera y como impulsor o gasificante en repostería.
Todas las gaseosas, gaseosillas, “litines” y sodas que encontrarás tienen una composición muy similar:
ácido + bicarbonato
¿Y ya está? Pues sí. En alguna ocasión pueden llevar una pequeñísima parte de almidón de maíz como antiapelmazante, igual que lass levaduras de repostería/polvos de hornear, para evitar que se hagan un bloque al absorber humedad ambiente, pero solo en los casos en los que vengan todos los polvos juntos. También pueden llevar sabores (limón o naranja sobre todo) y edulcorantes (sacarina normalmente).
Composición
Seguramente hayas hecho en el cole o por tu cuenta eso de mezclar vinagre y bicarbonato sódico y ver la reacción. Pues eso es lo que sucede cuando mezclamos los sobres de gaseosas con agua. El proceso se llama “neutralización“: un bicarbonato es neutralizado por un ácido. Y el producto de esa neutralización es gas dióxido de carbono (las burbujitas), agua y una sal residual (que no tiene por qué saber salada).
No todos los ácidos reaccionan igual. Los hay que reaccionan más rápido en presencia de mucha agua, otros en presencia de agua y calor, etc. Teniendo en cuenta este ratio y tiempo de reacción y su valor de neutralización se formulan diferentes productos como los gasificantes/polvos de hornear/impulsores/levaduras de repostería y las gaseosas y sodas.
Por ejemplo, el cremor tártaro reacciona lentamente con el bicarbonato, tiene que haber presencia de humedad y preferiblemente una temperatura alta. Por eso se usa mucho en los polvos de hornear: no queremos que la reacción ocurra mientras estamos mezclando los ingredientes, si no cuando lo horneamos (para que crezcan los bizcochos, magdalenas o lo que hagas).
Sin embargo, el ácido cítrico es un ácido de acción rápida, se disuelve muy rápido en agua fría y si hay bicarbonato reacciona inmediatamente. Por eso suele ser uno de los componentes ácidos (o el único ácido) de las gaseosas en polvo. También se utilizan otros ácidos de acción rápida como ácido málico (el de las manzanas) y ácido tartárico. Esto lo que asegura es que cuando eches los polvitos en el agua reaccionen instantáneamente y tengas lista tu gaseosa para beber.
En las cajitas de gaseosas te encontrarás grupos de dos sobrecitos. Uno contiene el ácido y el otro el bicarbonato. Lógicamente tienes que echar los dos si quieres que reaccione.
La ventaja de que vengan por separado es que aunque vivas en un ambiente con bastante humedad (cerca de la costa), ambas cosas no reaccionarán juntas ni se apelmazarán fácilmente. También te permite utilizar la cantidad de ácido y de bicarbonato que quieras, aunque ya vienen formulados para que toda la mezcla se neutralice bien.

Como gasificante en repostería
Cuando hacemos masas (de pan, de bizcocho, de lo que sea que crezca) solemos utilizar ingredientes que produzcan dióxido de carbono, porque estas burbujitas de gas son las que después vemos en la miga como responsables de esa esponjosidad que tanto nos gusta. En el caso de los panes y similares, las levaduras son las que producen el gas. Y en repostería, lo que llamamos levadura química, levadura de repostería, o más correctamente gasificante, impulsor o polvos de hornear.
Lo más fácil que podemos hacer para que una masa crezca es añadir bicarbonato y un ácido. Una vez juntos en la masa comenzará la reacción y nuestra masa empezará a ponerse super esponjosa, un proceso que seguirá en el horno por acción del calor. Si no usamos gasificantes, nuestros bizcochos y demás quedan como bloques de hormigón. Salvo excepciones muy contadas, en las que se confiere aire a la masa por otros métodos, siempre se usa un gasificante.
Pues bien, los sobres de gaseosas y sodas tienen estos dos elementos y podemos usarlos como gasificantes.
Como comentábamos más arriba, hay ácidos que reaccionan más rápido y otros más lentamente. En el caso de las sodas y gaseosas, son de acción rápida. Es decir, no tienen la misma composición de los polvos de hornear/gasificantes/impulsores, que reaccionan más lentamente y necesitan calor. Lo que significa es que tus polvitos de soda van a empezar a reaccionar en el momento en el que caigan en la masa.
| Producto | Ácido(s) | Alcalino(s) |
|---|---|---|
| Sodas, gaseosas, gaseosillas, “litines” | Ácido cítrico Ácido málico Ácido tartárico | Bicarbonato sódico |
| Levadura de repostería / levadura Royal / polvos de hornear / gasificantes / impulsores | Cremor tártaro Difosfato disódico Pirofosfato ácido de sodio Glucono-Delta-Lactona | Bicarbonato sódico Bicarbonato potásico |
¿Y esto es malo? Pues depende. Si añades los polvos al final y mezclados con la harina, mezclas muy rápidamente y lo metes muy rápido al horno, no hay mucho problema. Piensa que también hay cosas en la masa (o suele haberlas) que retrasan un poco la reacción, como los azúcares y las grasas.
Ten en cuenta, también, que están formulados para neutralizarse en agua (fría), pero en una masa puede haber más presencia de ácidos (por los propios ingredientes: yogur, cacao, limón, naranja…), por lo que tendremos más ácido del necesario para neutralizar el bicarbonato. No queremos entrar en aspectos técnicos al respecto, pero recuerda que las masas no suelen ser neutras.
El producto de la neutralización, que suele ser CO2, agua y una sal, también va a influir en el sabor de tu bizcocho, tus magdalenas, galletas o lo que vayas a hornear. Cada ácido con cada bicarbonato tiene un producto diferente que da resultados distintos en sabor, color, olor, etc. Y también pasa que, si nos pasamos de bicarbonato, nos quede un sabor salado o amargo y se nos decolore de la masa o aparezcan puntos oscuros (cuando no se degrada bien).

¿Entonces no valen?
Sí, sí valen, pero piensa que hay muchos factores en juego, por lo que si eres principiante te recomendamos usar siempre levadura de repostería/gasificante/polvos de hornear, al igual que si has utilizado sobres de gaseosas y no te ha gustado el resultado.
¿Y al revés?
¿Puedo usar los sobres de levadura Royal para hacer gaseosa casera?
No. En serio. Recuerda lo que hemos dicho sobre reaccionar rápido y composición formulada para usos concretos. De todas formas, si no nos crees, pruébalo tú mismo/a ;).
¿Me puedo hacer mi propia gaseosa comprando los ingredientes?
¡Claro! Puedes comprar ácido cítrico apto para uso alimentario en muchas tiendas (también online) y bicarbonato sódico en cualquier tienda de alimentación. Solo tienes que utilizar las mismas proporciones que en los sobres. Ante la duda, puedes pesar con una balanza de precisión el contenido de cada sobre y utilizar un factor de conversión según la cantidad de agua que vayas a usar. Guárdalos siempre separados y muy bien cerrados y mézclalos en el agua, igual que con los sobres.




















